Miro a mi alrededor y lo entiendo,
“Todo pasa por algo”.
Esas fueron sus palabras
y ahora comprendo que tenía razón.
Buscaba a mi alrededor
esperando una señal surgir
¿Por qué? ¿Para qué?.
Ahora es el momento,
ahora porque no se puede repetir.
Pero hay que estar listo,
porque a ellos ayuda la suerte
a aquella mente preparada
que se enfrenta día a día a la muerte.
Me he perdido de conocer personas
a quienes con detalle he admirado,
de quienes he apreciado su ímpetu.
En aquella pausa antes del abrazo,
antes del compromiso que he aplicado
conmigo mismo y quien tenía a mi lado.
Ahora veo rostros felices,
De aquellas personas con las que no fue,
la admiración persiste
pero aprecio que ahí no me quedé,
porque me di cuenta que admiraba
Todo el tiempo a la persona equivocada.
Todo el tiempo yo me presionaba,
para hacer las cosas bien,
para actuar con coherencia,
pero era a mi, con ilusión
a quien debía admirar con vehemencia.
Y no es un acto de orgullo,
porque eso depende de la moral,
es decir: “Yo si puedo”
aunque sientas que todo está mal.
He aquí a un nuevo hombre
con hambre de éxito, con intachable honor,
que tiene apellido y nombre
Edwin Camino su servidor.